martes, 14 de marzo de 2017

Reflexión: ¿qué se debería leer en los colegios?

Hoy os traigo algo un poco diferente a lo que he hecho hasta ahora, mi primera reflexión en este blog. No es otra que la pregunta que mucha gente, tanto jóvenes como adultos, se han hecho alguna vez: ¿están bien las lecturas obligadas en los colegios?.

Que los centros educativos obliguen a leer como parte de la asignatura de literatura me parece correcto, pues en parte gracias a esto mucha gente se ha aficionado a la lectura, pero creo que el catálogo de libros que existe actualmente como obligatorios tendría que sufrir algunas modificaciones.


Por un lado, es muy necesario que tanto niños como adolescentes entiendan y aprecien la literatura no actual. Es parte de nuestra cultura y, por lo tanto, todos deberíamos tener un mínimo conocimiento sobre los autores más importantes, algo de su vida (como mínimo su lugar de procedencia) y algunas de sus obras. Pongo como ejemplo a artistas de la talla de Quevedo, Espronceda, Góngora, Lope de Vega, Lorca, Ruben Darío, etc. Yo misma he tenido que leer durante mi estancia en la ESO algunas obras de estos autores, y no todas me han decepcionado, como Bodas de Sangre (Lorca) o Las bicicletas son para el verano (Fernando Fernán Gomez). Además, muchas de las novelas que he tenido que leer durante otros años han sido libros de literatura juvenil que me han fascinado, como El príncipe de la niebla (Carlos Ruiz Zafón) o Donde el viento da la vuelta (Jordi Sierra i Fabra).

Por otro lado, también he tenido que leerme verdaderos (y perdón por la expresión) tostones. Sin ofender a nadie, pero hay ejemplos como La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela) o Rinconete y Cortadillo (Cervantes) que no le han gustado a ninguna persona de mi curso a la que he preguntado. Y es que la traumatizante historia de Pascual Duarte o la rebuscada narrativa de Cervantes no son fáciles de entender y apreciar para gente acostumbrada a leer historias contemporáneas o distopías en un lenguaje actual. Sin ir más lejos, veamos el ejemplo más universal de "libro que debes leer antes de morir": Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, una de las novelas más traducidas y vendidas de la historia. Si un niño de 13 años comienza a leer el Quijote en versión original, probablemente no se entere de nada si no se lo explican. Pero yo, a mis 16 años, me encuentro en la misma situación. Y probablemente alguien de 20 también. Aunque de esta novela en concreto tengamos adaptaciones al lenguaje actual que permiten asimilar el ladrillo, el infumable manuscrito original, esto no pasa con la mayoría de obras. El problema no son los libros, el problema es que los cogemos sin ganas porque nos obligan a leerlos.

Entiendo que la postura de muchos profesores y eruditos sea la de que en el colegio debemos leer las obras esenciales para que, si no queremos leer nada más en nuestra vida, al menos tengamos eso. Mi opinión, aunque no sea compartida por mucha gente, es completamente lo opuesto. Creo que si en los colegios se obligara a los niños a leer novelas u obras de teatro interesantes y que enganchen, los alumnos se aficionarían a la lectura. Un adolescente siempre va a preferir un libro de misterio o romance antes de El estudiante de Salamanca o Don Juan Tenorio, y si motivásemos a las nuevas generaciones a leer lo que les gusta desde pequeños, ellos mismos, al crecer, querrían leer estas obras esenciales.

En resumen, irte de este mundo habiendo leído las novelas clásicas más importantes es algo que todo le mundo debería hacer, pero en vez de leerlas con desgana, sería mejor motivar la lectura para que la decisión de abrir estas novelas salga de nosotros mismos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario